Fuimos recibidas por
Pilar Ruiz y su madre Cristina, autoras del blog
Aprendiendo a Cocinar. Con ellas y un estupendo grupo de amigos blogueros recorrimos en tren turístico las calles de Rota. La primera parada fue en la bodega de Juan Martínez Martín Niño, conocida como
Bodegas El Gato, una empresa familiar que guarda varias reliquias en su interior. Una de ellas es una antiquísima máquina de embotellar que se conserva en perfecto estado y aún se utiliza. Otra es la tradición que conservan los herederos, del etiquetado a mano de sus botellas y que se ve reflejada en cada rincón de este añejo lugar. Y la más importante de todas esas reliquias es la tintilla, una uva que
Bodegas El Gato ha recuperado del olvido. La
tintilla de Rota produce un vino ligeramente dulce y con personalidad propia, muy versátil e interesante en la cocina. Gracias a la generosidad de Juan, Pedro, Laura Martínez y José Antonio Rodriguez, no sólo pudimos conocer mejor esta joya, sino que pudimos degustar el típico arranque roteño en la licorería El Gato, junto a la bodega.
Como recuerdo de nuestra visita, Lola del blog
La Fritada, tuvo el honor de firmar una bota de vino en nombre de los blogueros gastronómicos.
La siguiente parada fue la fábrica de quesos
El Bucarito, donde producen de forma artesanal y muy cuidadosa sus productos. Situada a las afueras de Rota, sus propietarios han conseguido crear un entorno especial, en el que disfrutar de la gastronomía.
Yolanda Maya nos guió por sus fantásticas instalaciones.
Las auténticas protagonistas de El Bucarito son sus cabras: unos ejemplares preciosos, muy curiosos y simpáticos que son tratados con gran mimo en unas instalaciones que sorprenden por su
extrema limpieza. Fuimos testigos de todo el proceso, desde el ordeñado pasando por el proceso por el que pasa la leche hasta convertirse en queso hasta el envasado. El Bucarito quiere controlar todo el recorrido de su queso, por eso se preocupan en producir ellos mismos los piensos de los que se alimentará su ganado.

Otro lugar que merece la pena destacar es el espacio habilitado para
aves rapaces. Incluso pudimos ver un búho real hembra, precioso y también muy sociable. Estas aves se utilizan para la
cetrería, que pudimos practicar con un
vuelo puño a puño, una experiencia que recomendamos a todos vivir alguna vez. El entorno natural en el que se enmarca El Bucarito es único, y su versatilidad hace que una visita a este lugar sea algo más que conocer una quesería.
Como punto final a la jornada, El Bucarito nos ofreció un almuerzo con
tapas variadas, algunas elaboradas con sus productos y todas
con una presentación inmejorable: chacinas, gazpacho de fresas con queso cremoso, tortilla líquida con trufa, tomatitos cherry con albahaca y queso... Unas combinaciones de sabores exquisitas, que nos sorprendieron gratamente a todos.